Memorias de la quebrada Santa Elena

¡Y qué lujos se gasta el tal Santa Elena! Músicas alternadas de aguas y espesuras, coros de cuadrúpedos y de bichos, colinas turgentes entre escarpas de peñascos, senderos de poleo y yerbabuena entre pedrejones revestidos de cardos y de viravira. ¡Qué se yo!...

Tomás Carrasquilla

Desde el alto de Santa Elena, al oriente del Valle de Aburrá, baja una quebrada que atraviesa la ciudad por su centro hasta desembocar en el río Medellín. En un principio fue conocida como riachuelo Aná o quebrada Aguasal hasta que fue bautizada con el mismo nombre de su origen: quebrada Santa Elena. Su afluente caudaloso y limpio fue testigo de la creación de viviendas, iglesias, mercados, rutas de paso y de las grandes historias que llevaron al crecimiento de lo que ahora conocemos como Medellín.

Entre tramo y tramo de la quebrada se solía ver barequeros provistos de bateas en busca de oro y lavanderas que estregaban y juagaban ropa sobre piedras de superficies planas. El paisaje lo complementaba el cúmulo de arena húmeda que dejaba la corriente a su paso, por lo que sus habitantes terminaron por llamarla “La Playa”.

A mediados del siglo XIX algunos pobladores y comerciantes comenzaron a imaginar la posibilidad de residir a orillas del afluente por ser el medio de abastecimiento de agua más importante para la Villa de la Candelaria. Así, construyeron las primeras casas con sus fachadas que daban cara a la quebrada, adecuaron el espacio con caminos para dar elegantes paseos y puentes para facilitar la comunicación entre lado y lado del caudal.

Quebrada Arriba y Quebrada Abajo

En un inicio se formaron dos barrios alrededor del paso de la Santa Elena: Quebrada Arriba y Quebrada Abajo. El primero empezaba en el Puente de la Toma y terminaba en la carrera Carabobo, en el sector llamado El Llano. Tomás Carrasquilla decía que este era “el lugar obligado para caminatas, jiras y paseos de las gentes elegantes del cogollo. (…) No tenía posición alguna quien no se mostrase por estas márgenes fashionables”. El barrio a su vez se dividió en Avenida Izquierda y Avenida Derecha, correspondiendo al trayecto de la quebrada Santa Elena por la Playa.

Quebrada Abajo era cosa distinta. Empezaba detrás de la iglesia de la Veracruz y terminaba en la desembocadura de la quebrada en el río Medellín. Contaba con una extensión menor, era humilde y poco atractivo para el turismo y los negocios. Las pequeñas casas arruinadas que se asentaron allí estaban hechas de tapias con tejas o paja.

Así, estos barrios de nombre idéntico y apellido distinto fueron la primera manifestación de la estratificación del espacio urbano; la geografía y la distribución de la población empezaron a ser divididas por ellos.

Los grandes de La Playa

En la Avenida estuvieron ubicados tres edificios que por su arquitectura y uso social, fueron punto de referencia para la ciudadanía: el Palacio Arzobispal, el Teatro Junín y el Palacio de Bellas Artes.

El Palacio Arzobispal, ubicado en la Avenida Derecha con calle San Félix fue construido en 1892 por el acaudalado Coroliano Amador, quien con el deseo de construir una mansión para su hijo José María contrató al arquitecto francés Carlos Emile Carré para su diseño. Con la muerte del hijo, la mansión fue vendida a la arquidiócesis para ser acondicionada como Palacio Arzobispal. Esta casa con amplios ventanales y jardines exteriores protegidos por una reja de hierro fue demolida en 1970 para el paso de la Avenida Oriental. Ahora el lugar del Palacio lo ocupa el edificio Vicente Uribe Rendón.

El Teatro Junín, inaugurado en 1924, fue diseñado por el arquitecto belga Agustín Gooverts. Estaba dividido en dos secciones: el Teatro y el Hotel Europa. El primero contaba con 100 lunetas, 37 palcos, 800 puestos de preferencia y 2000 entradas de galería. En 1968 el Teatro fue destruido para la construcción del edificio Coltejer.

Por otro lado, el Palacio de Bellas Artes fue edificado por la Sociedad de Mejoras Públicas entre 1926 y 1935. Su diseño se caracteriza por tener una volumetría simple, una planta octagonal y elementos verticales. El edificio sigue aun en pie en la carrera Girardot con La Playa.

Obituario de la quebrada

La ciudad iba creciendo con los años. Aires de modernidad comenzaban a respirarse entrados los años veinte, época en la que caballos y carrozas iban siendo desplazados por los automóviles que llegaban a la Villa. Y mientras la innovación iba en aumento, lo mismo ocurría con el deterioro de la quebrada Santa Elena -aunque seguía siendo un gran atractivo de La Playa- era cada vez más recipiente para los desechos y basuras de los habitantes.

Así, el progreso y la salubridad fueron factores claves para que en 1924 la oficina de Ingeniería Municipal iniciara el cubrimiento de la quebrada. La Playa no sería más un paseo para atravesar por puentes; se convertiría en una Calle Real.

En medio de la obra se generaron disputas para realizar el tramo final de la pavimentación. Al Concejo Municipal, que era conservador, y a los propietarios de las casas aledañas, liberales, les correspondía financiar a cada uno la mitad de los trabajos. Ya que por sus diferencias ninguno accedía a dar el dinero al otro, decidieron que cada uno construiría la mitad del tramo, de modo que el Concejo construyó de Junín hacia Sucre y los propietarios de Sucre a Junín hasta unirse. De allí se dice que la cobertura es mitad conservadora y mitad liberal.

nLa intervención en la quebrada Santa Elena finalizó en 1940. Con el nuevo pavimento, la Calle adquirió varios nombres en su recorrido: De Junín hacia arriba se siguió llamando Avenida Izquierda y Avenida Derecha y en su parte central, La Playa; de Junín -carrera 49- hasta Bolívar –carrera 51-, Avenida Primero de Mayo; de Bolívar a Cundinamarca -carrera 53-, Aveida de Greiff; y de allí hasta el río, Paseo La República.

Actualmente, al agua sigue corriendo sepultada bajo esta importante avenida, esa que de “Playa” solo conserva el nombre.

Crédito fotografías: Biblioteca Pública Piloto

Alcaldía de Medellín, Medellín, Antioquia
Ingresar